lunes, 5 de febrero de 2018

349. La Gaviota


Érase una gaviota que vivía en una playa de la región patagónica; grandes acantilados limitaban la visual hacia tierras lejanas. Vivía con sus compañeras de vuelo que todas las mañanas al despuntar el alba partían con rumbo desconocido, internándose en el mar para buscar alimentos, mientras con placer sobrevolaban ese infinito azul. 

-Hoy no saldré -dijo un día nuestra gaviota a sus compañeras -deseo quedarme a ver el amanecer en la playa, tengo curiosidad por ver qué sucede mientras nosotras volamos. Sé que vienen los humanos, quiero verlos de cerca.

-¿Qué tiene eso de atractivo? -preguntó una gaviota curiosa

-Desperdiciar volar en el inmenso azul por ver unos seres que sólo quieren asustarnos -sentenció otra gaviota frunciendo su pico.

-Si -dijo decididamente nuestra gaviota -quiero ver con mis ojos todas las maravillas que el mar incita.

-Es una eutropelia -dijo la gaviota mayor -nos dejas para quedarte con ellos.

-Quiero observarlos, nada más -dijo tímidamente la gaviota. -Mañana volaré con ustedes. Sólo será por hoy.

Las restantes gaviotas emprendieron el vuelo, como todos los días, apenas el sol apareció en el horizonte.

Nuestra gaviota se quedó caminando por la playa, comiendo pequeños moluscos. Cuando el sol despegó del horizonte, comenzaron a llegar los humanos, con sus sombrillas coloridas, bolsos rebosantes de alimentos, hombres arrastrando sus redes, niños que bajaban desenfrenadamente en busca del mar.

Pasó el resto del día haciendo pequeños vuelos. Los niños intentaban acercarse a ella... Les extrañaba una gaviota solitaria en la playa y corrían a su encuentro.

El sol se fue poniendo y con las últimas luces, los bañistas y pescadores fueron abandonando la playa. A lo lejos pudo observar una blanca línea que se aproximaba a la costa. Eran sus compañeras que volvían después del largo día.

-¿Cómo te fue? -preguntó la gaviota curiosa.

-¿Qué fue más interesante que volar sobre el ancho mar? -preguntó la gaviota mayor.

-Vi niños jugar, mujeres disfrutando del sol, hombres compartiendo travesuras con sus hijos, pescadores concentrados en apresar peces, parejas de enamorados caminando por la costa, mujeres mayores disfrutando de sus nietos, jovencitas dorando sus cuerpos mientras mantenían largas charlas adolescentes. Conocí a un vendedor ambulante que me dio unas bolitas blancas exquisitas, mientras pregonaba en voz muy alta sus dulces, aquellos que los niños desean. Vi gente ejercitando sus cuerpos, unos corriendo, otros caminando, otros en bicicleta.

Las otras gaviotas escuchaban el relato de nuestra amiga en silencio, hasta que una de ellas preguntó:

-¿Qué harás mañana?

-Me quedaré un día más a observarlos, me gustó verlos, será él ultimo día, después continuaré los vuelos con ustedes. Dicho esto, se retiró a dormir a su nido, mientras las otras murmullaban a sus espaldas.

Así pasaron los días y nuestra gaviota, siempre decía "un día más". Pasaron semanas. Hasta que una mañana al alba estaba alistada junto con sus compañeras. Ya había visto lo suficiente de los humanos, había compartido con los niños sus alegrías, había hecho amigos, había disfrutado su compañía...

Quería volver a ver los mares en toda su plenitud.

Sus compañeras la miraron asombradas, ya casi no la tenían en cuenta, se sentían traicionadas por ella. Como siempre decía la mayor de todas -era una eutropelia hacia las gaviotas.

Todas abrieron sus alas y remontaron el hermoso cielo azul.

Todas, menos nuestra amiga, que no podía levantar vuelo más de dos metros de la arena. Caía y volvía a aletear. Sus alas estaban endurecidas. Vio cómo se alejaban sus compañeras hacia el infinito, sin siquiera intentar ayudarla.
Pasó el día. Ya no disfrutó con los humanos, estaba triste. Ya no podía volar como antes.

Quedose detrás de una roca, decidida a morir de hambre. Se dio cuenta que sin volar su vida no tenía sentido. Su curiosidad por conocer cosas nuevas la había traicionado.

Así quedó, agazapada detrás de una roca durante todo el día. Ya comenzaba a atardecer cuando un niño la vio. Él había estado jugando con nuestra gaviota los últimos días, le había tirado miguitas, había corrido con ella todo el día, ya no tratando de atraparla, era un juego sin fin.

El niño se acercó, la gaviota no atinó a escapar. Se miraron.

El niño vio esos ojos tristes y comprendió todo.

Se quedó pensativo, su amiga era evidente que no podía volar, tal vez estaba herida o tal vez... pero hizo como todos los niños, en vez de pensar, actuó rápidamente...

Tomó a la gaviota entre sus pequeños brazos y la llevó hasta la cima del acantilado. La posó sobre el suelo y le dijo.

-Vuela, bonita gaviota, vuela por mí, tú naciste con alas... ¡úsalas!

La gaviota vio el precipicio, no sabía si podría hacerlo, pero miró la cara del niño, ese niño que se había convertido en su amigo. Ninguna gaviota tiene un amigo. No lo podía defraudar.

Abrió sus alas, sintió alegría, plenitud de su condición de ser y voló, voló, y voló...

~ Anónimo  ~

lunes, 31 de julio de 2017

348. Sonidos del silencio



¿Quién de nosotros no tuvo un momento de extremo dolor? ¿Quién nunca sintió, en algún momento de la vida, ganas de desistir?
¿Quién todavía no se sintió sólo, extremadamente sólo, y tuvo la sensación de haber perdido la dirección de la esperanza?

Ni las personas famosas, ricas, importantes, están libres de tener sus momentos de soledad y de profunda amargura...

Fue lo que le ocurrió a uno de los reconocidos compositores de todos los tiempos, llamado Ludwig Van Beethoven, que nació en 1770, en Bonn, Alemania, y murió en 1827, en Viena, Austria...

Beethoven vivía uno de esos días tristes, sin brillo y sin luz. Estaba muy abatido por el fallecimiento de un príncipe de Alemania, que era como un padre para él...

El joven compositor sufría de una gran carencia afectiva. Su padre era alcohólico y lo agredía físicamente. Falleció en la calle, por esa causa ...

Su madre murió muy joven. Su hermano biológico nunca lo ayudó en nada, y, súmese a todo esto, el agravamiento de su enfermedad. Síntomas de sordera, comenzaban a perturbarlo, al punto de dejarlo nervioso e irritado...

Beethoven solamente podía oír usando una especie de trombón acústico en el oído. El llevaba siempre consigo un papel o un cuaderno, para que las personas escribiesen sus ideas y así poderse comunicar, pero no todas tenían paciencia para eso, ni para leer sus labios...

Notando que nadie entendía, ni lo ayudaba, Beethoven se retrajo y se aisló. Por eso ganó la fama de misántropo. Fue por todas estas razones, que el compositor cayó en una profunda depresión. Llegó a escribir un testamento, diciendo que se iba a suicidar...

Pero como ningún hijo de Dios está olvidado, llegó la ayuda espiritual, a través de una muchacha ciega, que vivía en la misma modesta pensión, donde Beethoven se había mudado, y que le dijo casi gritando: "Yo daría todo por poder ver una noche de luna"

Al oírla, Beethoven se emociona hasta las lágrimas. Al fin y al cabo , él podia ver. El podía poner su arte en sus composiciones...

Las ganas de vivir se renovaron y entonces compuso una de las piezas más hermosas de la humanidad: "Sonata Claro de Luna"

En su tema, la melodía imita los pasos lentos de algunas personas, posiblemente, los suyos o los de otros, que llevaban el cajón mortuorio del príncipe, su protector...

Mirando al cielo plateado por la luna, y recordando a la muchacha ciega, como al preguntarse el por qué de la muerte de un mecenas tan querido, él se deja sumergir en un momento de profunda meditación transcendental...

Algunos estudiosos de música dicen que las tres notas que se repiten, insistentemente, en el tema principal del 1º movimiento de la Sonata, son las tres sílabas de la palabra "why"? u otra palabra sinónima, en alemán...

Años después de haber superado el sufrimiento, llegaría el incomparable "Himno a la Alegría", la 9ª sinfonía, que corona la misión de este compositor, ya totalmente sordo.  Ahí expresa su gratitud a la vida y a Dios, por no haberse suicidado...

Todo gracias a aquella muchacha ciega, que le inspiró el deseo de traducir, en notas musicales, una noche de luna...

Usando su sensibilidad, Beethoven retrató, a través de la melodía, la belleza de una noche bañada por la claridad de la luna, para alguien que no podía ver con los ojos físicos.

Enrique Baldovino (Palabras para el Alma)

lunes, 27 de febrero de 2017

347. Doce Reglas de Oro



 1.    Por estar alegre y feliz, da gracias a Dios.
 2.    En la mañana, haz una oración fervorosa.
 3.    En el trabajo, pon una buena intención.
 4.    Si sufres, lucha y no te dejes abatir.
 5.    Si te sientes ofendido, sé perdonar de corazón.
 6.    Ante un error de los demás, sé indulgente.
 7.    Si eres culpable, busca el arrepentimiento.
 8.    Ante un fracaso, vuelve a empezar.
 9.    Sé humilde ante una buena intención.
 10. Alivia el dolor de quien sufre.
 11. Y al llegar la noche, olvida todo lo negativo.
 12. Agradece a Dios por un día más.

Gracias por tus enseñanzas Raqueluchis (27/2)!!
Autor desconocido

domingo, 23 de octubre de 2016

346. ¿Cómo te amo?



¿Cómo te amo?  Voy a contar las formas.



Te amo con la profundidad, la extensión y la altura

que mi alma puede alcanzar cuando no estás al alcance de mi vista,

en el final de los tiempos y de la gracia ideal.



Te amo hasta el nivel de la más modesta

necesidad cotidiana, a la luz del sol y de las velas.

Te amo libremente, como los hombres luchan por la justicia.

Te amo con pureza, como los que vuelven de alabar a Dios.



Te amo con la pasión que ponía

en mi antigua pesar y con mi fe infantil.

Te amo con un amor que no me parecía haber perdido con mis santos olvidados.



¡Te amo con la respiración, las sonrisas y las lágrimas de toda mi vida!

Y si Dios me lo permite,

te amaré aún más después de la muerte.

          Elizabeth Barrett Browning

domingo, 25 de septiembre de 2016

345. Lucha por vivir



Los días pueden ser grises,
los días pueden ser negros,
los días pueden ser en blanco y negro,
pero SIEMPRE puedes buscar en tu interior y encontrar el lugar donde se esconden los colores...
y si aún así no lo encuentras,

¡¡utiliza tu imaginación!!

Saca el estuche de colores que todos guardamos del cole y pinta de vivos colores todo lo que tu quieras,
tu alrededor,
y sobre todo tu propia vida.

Y si aún así no guardaste el estuche del cole,
o no lo encuentras...
estate tranquila y no te preocupes...
que yo te dejo el mío.


Autor desconocido

jueves, 15 de septiembre de 2016

344.El Florero de Porcelana



El gran maestro y el guardián dividían la administración de un monasterio Zen.
Cierto día, el guardián murió y fue preciso substituirlo. El gran maestro reunió a todos los discípulos para escoger, quién tendría la honra de trabajar directamente a su lado. - Voy a presentarles un problema -dice el Gran Maestro- Y aquel que lo resuelva primero, será el nuevo guardián del templo.
Terminado su corto discurso, colocó un banquito en el centro de la sala. Encima estaba un florero de porcelana carísimo, con una rosa roja que lo decoraba.
- Este es el problema - dice el Gran Maestro.
Los discípulos contemplaban, perplejos, por lo que veían: los diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y la elegancia de la flor. ¿Qué representaba aquello?. ¿Qué hacer? ¿Cuál sería el enigma?
Después de algunos minutos, uno de los discípulos se levantó, le miro al maestro y a los alumnos. Después, caminó resolutamente hasta el florero y lo tiró al suelo, destruyéndolo.
- Usted es el nuevo guardián - dijo el Gran Maestro
Al volver a su lugar el alumno, explicó el Gran Maestro:
-          Yo fui bien claro:
-          dije que ustedes estaban delante de un problema.
-          No importa cuán bello y fascinante sea un problema, tiene que ser eliminado.
-          "Un problema es un problema";
-          puede ser un florero de porcelana muy caro,
-          un lindo amor que ya no tiene sentido,
-          un camino que precisa ser abandonado –
-          más que insistimos en recorrerlo porque nos trae confort.
-          "Sólo existe una manera de lidiar con un problema": atacándolo de frente.
-          En esas horas, no se puede tener piedad, ni ser tentado por el lado fascinantes que cualquier conflicto acarrea consigo.
Paulo Coelho (Cuentos del Alquimista)