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miércoles, 3 de junio de 2020

367. A veces es tan difícil ser feliz...


Hoy muy contenta y feliz abrí la ventana de mi cuarto para ver este hermoso día tan lleno de brillo que me había regalado Dios.

De pronto me quedé observando un gigantesco árbol que parecía me abrigaba con sus frondosas ramas.

A mi mente ocurrió como una especie de magia...pues mirando aquel árbol, sentí que sus ramas se extendían, me abrazaban y me elevaba con él...hacia el infinito.

¿A dónde me llevas? pregunté.... inmediatamente escuché una voz que como melodía me decía no tengas miedo, vamos en busca de algo tan importante para vivir que se llama Paz.

Inmediatamente mi corazón empezó a latir fuertemente, y no sé si por miedo...o de saber que en algún lugar del planeta pudiera existir eso tan maravilloso tan ansiado por todos...para vivir.

Yo le decía...  ¿cómo, será posible poderla alcanzar?... El me respondió...todo es posible si las cosas las hacemos con amor, sin mezquindad.

Llegada la noche...y después de tanto viajar... mi amigo el árbol... seguía insistiendo más sin embargo yo ya estaba desilusionada de buscar.... y sin poder obtener ese maravilloso regalo.

De pronto exclamó...tengo una idea, ven acompáñame vamos a limpiar los corazones de la gente...

Vamos a sembrarles esta pequeña semillita que me han regalado los ángeles que habitan en la tienda del cielo que se llama Amor...

Y así veremos crecer en cada uno de los habitantes de este planeta lo que tanto anhelamos...el "AMOR". Así veras que tendremos un mundo,
donde todos los niños puedan crecer con seguridad, con libertad con amor...Y así lo hicimos... Era una tarea difícil, pero bonita tratar de sembrar Paz en el mundo. 

Cuando desperté...tan sólo era un sueño...era no más que el reflejo de lo que anhelo y ansío. Y desperté con mi corazón lleno de grietas...con mis ojos húmedos de donde me brotaban lágrimas de cristal... Hoy tan solo quisiera dejar de soñar y ver un amanecer, donde la razón prive sobre la ira, que los gobernantes del mundo tengan la suficiente inteligencia para no responder a la violencia con más muerte y destrucción...

Hoy solo quiero vivir en un mundo colmado de felicidad...de paz. ¿Será posible...?

Autor desconocido

miércoles, 1 de abril de 2020

360. La Calma

Hace tiempo que no publicaba ningún post. Sin embargo, este mensaje ha llegado a mis manos y en estos momentos de "estar en casa"... he decidido trasmitir.

La calma es una de las principales habilidades emocionales y la base para una buena salud mental. Así lo describe el Dalai Lama en esta maravilla de poema:
Se llama calma y me costó muchas tormentas.
Se llama calma y cuando desaparece…. salgo otra vez a su búsqueda.
Se llama calma y me enseña a respirar, a pensar y repensar.
Se llama calma y cuando la locura la tienta se desatan vientos bravos que cuestan dominar.
Se llama calma y llega con los años cuando la ambición de joven, la lengua suelta y la panza fría dan lugar a más silencios y más sabiduría.
Se llama calma cuando se aprende bien a amar, cuando el egoísmo da lugar al dar y el inconformismo se desvanece para abrir corazón y alma entregándose enteros a quien quiera recibir y dar.
Se llama calma cuando la amistad es tan sincera que se caen todas las máscaras y todo se puede contar.
Se llama calma y el mundo la evade, la ignora, inventando guerras que nunca nadie va a ganar.
Se llama calma cuando el silencio se disfruta, cuando los ruidos no son solo música y locura sino el viento, los pájaros, la buena compañía o el ruido del mar.
Se llama calma y con nada se paga, no hay moneda de ningún color que pueda cubrir su valor cuando se hace realidad.
Se llama calma y me costó muchas tormentas y las transitaría mil veces más hasta volverla a encontrar.
Se llama calma, la disfruto, la respeto y no la quiero soltar…


Fuente

lunes, 29 de octubre de 2018

354. No preguntes...


Al triste, no le preguntes la historia de su desgracia... Sino dile que en ti, tiene un amigo.
Al que llora, no le escudriñes el origen de su llanto... Sino dile que tú tienes un hombro, un pañuelo, una sonrisa.
Al que anda tambaleante por la vida no le analices por qué no ha llegado nunca a ninguna parte...Mejor dile que tú tienes una luz, un consejo, y un bastón por si llegara a necesitarlos.
Al que anda sin templo, y sin oración no le preguntes por qué es un descreído... Mejor enséñale a Dios, y mételo en el secreto de tu plegaria.
Al que anda dolido y agotado con su cruz, no le preguntes por qué le pesa tanto... Mejor ponlo en posición de que Dios se irradie sobre él... Y ya poco a poco irá llegando la luz.
Al que se resiste a seguir y se siente vencido, no le andes por las normas, las deducciones y los raciocinios... Mejor dale la mano, y dile: "¡Voy contigo!"
No le preguntes a cada uno su necesidad... mejor demuéstrales que siempre hay un motivo para Sonreír y que tú siempre estarás allí!

Autor desconocido

lunes, 5 de febrero de 2018

349. La Gaviota


Érase una gaviota que vivía en una playa de la región patagónica; grandes acantilados limitaban la visual hacia tierras lejanas. Vivía con sus compañeras de vuelo que todas las mañanas al despuntar el alba partían con rumbo desconocido, internándose en el mar para buscar alimentos, mientras con placer sobrevolaban ese infinito azul. 
-Hoy no saldré -dijo un día nuestra gaviota a sus compañeras -deseo quedarme a ver el amanecer en la playa, tengo curiosidad por ver qué sucede mientras nosotras volamos. Sé que vienen los humanos, quiero verlos de cerca.
-¿Qué tiene eso de atractivo? -preguntó una gaviota curiosa

-Desperdiciar volar en el inmenso azul por ver unos seres que sólo quieren asustarnos -sentenció otra gaviota frunciendo su pico.

-Si -dijo decididamente nuestra gaviota -quiero ver con mis ojos todas las maravillas que el mar incita.

-Es una eutropelia -dijo la gaviota mayor -nos dejas para quedarte con ellos.

-Quiero observarlos, nada más -dijo tímidamente la gaviota. -Mañana volaré con ustedes. Sólo será por hoy.

Las restantes gaviotas emprendieron el vuelo, como todos los días, apenas el sol apareció en el horizonte.
Nuestra gaviota se quedó caminando por la playa, comiendo pequeños moluscos. Cuando el sol despegó del horizonte, comenzaron a llegar los humanos, con sus sombrillas coloridas, bolsos rebosantes de alimentos, hombres arrastrando sus redes, niños que bajaban desenfrenadamente en busca del mar.
Pasó el resto del día haciendo pequeños vuelos. Los niños intentaban acercarse a ella... Les extrañaba una gaviota solitaria en la playa y corrían a su encuentro.
El sol se fue poniendo y con las últimas luces, los bañistas y pescadores fueron abandonando la playa. A lo lejos pudo observar una blanca línea que se aproximaba a la costa. Eran sus compañeras que volvían después del largo día.

-¿Cómo te fue? -preguntó la gaviota curiosa.

-¿Qué fue más interesante que volar sobre el ancho mar? -preguntó la gaviota mayor.

-Vi niños jugar, mujeres disfrutando del sol, hombres compartiendo travesuras con sus hijos, pescadores concentrados en apresar peces, parejas de enamorados caminando por la costa, mujeres mayores disfrutando de sus nietos, jovencitas dorando sus cuerpos mientras mantenían largas charlas adolescentes. Conocí a un vendedor ambulante que me dio unas bolitas blancas exquisitas, mientras pregonaba en voz muy alta sus dulces, aquellos que los niños desean. Vi gente ejercitando sus cuerpos, unos corriendo, otros caminando, otros en bicicleta.

Las otras gaviotas escuchaban el relato de nuestra amiga en silencio, hasta que una de ellas preguntó:

-¿Qué harás mañana?

-Me quedaré un día más a observarlos, me gustó verlos, será él ultimo día, después continuaré los vuelos con ustedes. Dicho esto, se retiró a dormir a su nido, mientras las otras murmullaban a sus espaldas.
Así pasaron los días y nuestra gaviota, siempre decía "un día más". Pasaron semanas. Hasta que una mañana al alba estaba alistada junto con sus compañeras. Ya había visto lo suficiente de los humanos, había compartido con los niños sus alegrías, había hecho amigos, había disfrutado su compañía...

Quería volver a ver los mares en toda su plenitud.

Sus compañeras la miraron asombradas, ya casi no la tenían en cuenta, se sentían traicionadas por ella. Como siempre decía la mayor de todas -era una eutropelia hacia las gaviotas.

Todas abrieron sus alas y remontaron el hermoso cielo azul.

Todas, menos nuestra amiga, que no podía levantar vuelo más de dos metros de la arena. Caía y volvía a aletear. Sus alas estaban endurecidas. Vio cómo se alejaban sus compañeras hacia el infinito, sin siquiera intentar ayudarla.
Pasó el día. Ya no disfrutó con los humanos, estaba triste. Ya no podía volar como antes.
Quedose detrás de una roca, decidida a morir de hambre. Se dio cuenta que sin volar su vida no tenía sentido. Su curiosidad por conocer cosas nuevas la había traicionado.
Así quedó, agazapada detrás de una roca durante todo el día. Ya comenzaba a atardecer cuando un niño la vio. Él había estado jugando con nuestra gaviota los últimos días, le había tirado miguitas, había corrido con ella todo el día, ya no tratando de atraparla, era un juego sin fin.

El niño se acercó, la gaviota no atinó a escapar. Se miraron.
El niño vio esos ojos tristes y comprendió todo.
Se quedó pensativo, su amiga era evidente que no podía volar, tal vez estaba herida o tal vez... pero hizo como todos los niños, en vez de pensar, actuó rápidamente...
Tomó a la gaviota entre sus pequeños brazos y la llevó hasta la cima del acantilado. La posó sobre el suelo y le dijo.

-Vuela, bonita gaviota, vuela por mí, tú naciste con alas... ¡úsalas!

La gaviota vio el precipicio, no sabía si podría hacerlo, pero miró la cara del niño, ese niño que se había convertido en su amigo. Ninguna gaviota tiene un amigo. No lo podía defraudar.

Abrió sus alas, sintió alegría, plenitud de su condición de ser y voló, voló, y voló...

~ Anónimo  ~